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Iniciamos temprano la ascensión a
O Cebreiro siguiendo la variante marcada para bicicletas. Por lo
que parece la corredeira que sube directamente al puerto no es acta
para el ciclismo.
A pocos metros de coronar el puerto nos rodea una
espesa niebla, es nuestra bienvenida a Galicia, hasta ahora
habíamos disfrutados de unos esplendidos días de Sol.

El ambiente en el puerto no es demasiado acogedor:
No se ve nada a causa de la niebla, hace un frío que pela y la
humedad nos esta calando. Así que paramos el tiempo justo para
intentar hacer alguna foto aprovechable y beber algo caliente y
iniciamos el descenso hacia el valle en busca del Sol.
El
primer tramo tiene poco de descenso. Se trata de una sucesión de
toboganes que culminan con la ascensión al Alto del Poio, que aunque
corta, su ultima rampa nos obligar a empujar nuestra bicicletas.
Una vez superado el alto el descenso es continuo hasta
Triacastela.

A la salida de
Triacastela el camino se vuelve a bifurcar, y esta vez las dudas
nos hacen valorar un buen rato las dos opciones. Al final nos
decidimos por la variante de
San Xil, dejando
para otra ocasión la visita a
Samos y su
Abadia.

Sin desmerecer la variante de
Samos, ni al resto del camino, este tramo es sin duda uno de los
más bonitos de todo el camino. Los paisajes parecen sacados de una de
las viejas leyendas de meigas gallegas. Casi sin darnos cuenta
llegamos a Sarria.


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